Fundación Iglesia Protestante de Estambul
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¿Tiene Dios un Hijo?
 

(Estractos de "Explicando la Trinidad al Islam")

 

Al musulmán le cuesta mucho entender el sentido espiritual del término “Hijo de Dios” debido a los prejuicios inculcados desde la niñez. Ante todo hay que aclarar que no hablamos de un waladu'llah (وَلدُ الله, crío o vástago de Alá), sino de Ibnu'llah (ابْنُ الله, hijo espiritual o ente procedente de Alá), y que el término no indica vínculo corporal sino que es como una “denomina­ción de origen”. ¿De qué manera?

 

Según el Islam la palabra de Dios existía en la mente de Alá a modo de idea o esbozo (kalam nafsi) antes de articularse como “sonidos y letras”. Esta idea o palabra matriz se vierte en fonemas y sílabas, y así es como llega hasta nosotros. Pero esta Palabra no es algo distinto de Dios, aunque ‘salga’ de él.

 

El Injil dice que: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios... Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros...” (Jn. 1:1, 14; LBLA)

 

a) Igual que Dios puso su palabra hablada (el Kalam lafzi, كَلَام لَفْظِي, la palabra pronunciada) en un libro (al-Kitab al-Mu­qad­das, ألكِتَب ألمُقَدَّس; i.e. la Biblia), dándole forma de escritura,

 

b) Así mismo colocó su Palabra viva (el Kalam nafsi, كَلَام نَفْسي, la esencia o hálito de la Palabra) en un cuerpo (el de ‘Issa al-Masih, عيسى المسيح; i.e. Jesucristo), dándole forma humana.

 

De igual manera que las Sagradas Escrituras poseen cualidad divina, el Libro Viviente (Jesús), también es de condición divina. Lo que es divino en las Escrituras no es el papel o la tinta sino el mensaje; así lo divino en Jesús no es su cuerpo sino el Verbo que lo habita. ¡Esto no tiene nada que ver con asociar ninguna criatura a Dios! Sino que es Dios quien ha tomado forma de siervo (Fil. 2:7). Solamente que la Biblia no es Dios, porque es expresión de la Palabra (kalam lafzi), es decir, un ramillete de entre todas las palabras divinas. Mientras que Cristo sí es Dios porque él es la Palabra (kalam nafsi), el Verbo mismo, la fuente de todas las palabras posibles. Si la Biblia es como un cuadro del artista, Jesús es el artista, el autor mismo en el cuadro.

 

Usando términos que son familiares al musulmán, Jesús es “una palabra Suya” (wakalimatuhu minhu, بِكَلِمَةٍ مِنْهُ; ver Alí Emrán 3:39, 44, 45; An Nisa 4:171), que tomó cuerpo en el vientre de María por obra del Espíritu Santo. El Kalamu’llah –la Palabra de Dios– fue injertada en Jesús. ¿Quién es esta palabra viva de Dios, sino él mismo? Cuando escucho la voz de mi padre por teléfono, ¿de quién se puede tratar más que de él? ¡Y éste es el quid de la cuestión! A la Palabra se le llama “Hijo” no en un sentido biológico, sino porque proviene de Dios. Y se le llama Dios porque es la esencia misma del Altísimo.

 

 

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