Fundación Iglesia Protestante de Estambul
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¿Cómo puede ser Dios uno y tres a la vez?

Imaginemos tres vasos de té. Tres vasos distintos. Uno de ellos está lleno, mientras los otros dos están vacíos (fig. 1, abajo). Supongamos que vertimos el té del primer vaso en el segundo (fig. 2), y después éste en el tercero (fig. 3). Luego del tercero pasamos otra vez al primero... Los vasos se llenan así consecutivamente con un solo té. Ahora imaginemos que vamos acelerando el proceso. A medida que los movimientos ganan velocidad, el ojo empieza a no poder distinguirlos por separado, hasta llegar a un punto en que los tres vasos parecen estar llenos a la vez (fig. 4)

Si pudiéramos alcanzar la velocidad de la luz en esta sucesión de vaciados y llenados –o incluso superarla– ¡los tres vasos quedarían realmente llenos con un solo té! Es decir, en vez de un vaso lleno y dos vacíos, ¡tendríamos tres vasos llenos con el té de uno solo! Porque la sucesión de vaciados y llenados, ocurriría fuera del tiempo, en un “ahora” continuo.

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Algo así ‘ocurre’ con la Trinidad. El constante fluir y llenarse de la divinidad se perpetúa en la eternidad (la ausencia de tiempo). De forma que Dios el Padre, vierte su vida en el Hijo y genera, no su existencia o ser, sino su forma de existir (hipóstasis). Y del mismo modo generan la forma de existir del Espíritu. Padre, Hijo y Espíritu Santo están llenos “al mismo tiempo” con un solo y mismo ser (la substancia del único Dios). Y a la vez subsisten en tres ‘moldes’ personales, es decir con tres personalidades diferentes. Como los tres vasos distintos, llenos a la vez con un solo té. El mismo y único ser que llena la divinidad, asume tres identidades separadas como Padre, Hijo y Espíritu Santo.[1] De la misma forma que el té adopta las diferentes formas de los vasos que llena. Si podemos imaginarnos esta escena ocurriendo más allá del umbral del tiempo, de repente la Trinidad se convierte en una realidad tremendamente coherente.

¿Cómo es posible que Dios siendo uno, exista a la vez en tres personas? Yo soy un solo individuo, pero visto desde mis vínculos familiares soy padre (porque tengo hijos), hijo (de mi padre) y existo con mi propio espíritu.

 

Podemos explicarlo como un ser que se “desdobla” al unísono en tres personas o centros de consciencia. Estos tres estados de existencia [2] se dan en el ámbito de la personalidad divina, y por eso Él escoge términos que denotan personalidad.

 

Imaginemos la esencia de Dios como energía pura, por ejemplo eléctrica:

  1. El Padre sería la fuerza originada por la energía,
  2. El Hijo la luz, y
  3. El Espíritu Santo el calor desprendido:

a) Así DIOS es uno, como la energía es una sola. Pero como la energía se irradia y conmuta en tres estados (fuerza, luz y calor), en Dios se “desdoblan” tres personas. La fuerza, la luz y el calor ¿no son todos energía? Son lo mismo pero diferentes a la vez. Por supuesto, esto es sólo un ejemplo.

 

b) ¿Podemos ver con nuestros ojos la fuerza de la electricidad? ¡No! Pero sí llegamos a tocarla… ¡nos fulmina! Cuando la Escritura se refiere a Dios como “Padre”, está afirmando que él es el origen de todas las cosas, al mismo tiempo que habla de Dios en su estado invisible, de poder infinito y pureza inaccesible.

 

el sol

 

sus llamas

 

su luz

 

sus rayos

c) La luz es la manifestación visible de la energía, y a su vez permite que veamos. Dios quiere que lo conozcamos. Por eso ilumina el camino con su Palabra: el Verbo divino. ¿No son la luz del sol y el sol un todo? Así Dios y el Verbo. El Verbo “procede del seno de Dios” mucho antes del nacimiento corporal de Jesús.

 

d) El calor podemos sentirlo hasta los tuétanos. La luz –la Palabra divina– nos alumbra el camino. El calor –el Espíritu Santo– contacta nuestro espíritu con Dios. Si decimos: “Me he bronceado al sol”, lo que nos broncea son sus rayos. ¿Pero no son el sol y sus rayos esencialmente lo mismo? Así también Dios y su Espíritu.

 

[1] No estamos cayendo en el error de reducir la Trinidad a tres estados en los que Dios se manifiesta de forma sucesiva (modalismo). Consideraremos las implicaciones y definiciones teológicas y lógicas de estos conceptos, en capítulos posteriores. Ahora solamente es­ta­mos tratando de aproximarnos a una idea. No se trata de describir sino de esbozar. 

 

[2] En griego: hypostasis; en árabe: ’aqnum

 

 

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